De como se ha formado la nacion Colombiana, capitulo segundo, publicado en 1938
CAPÍTULO SEGUNDO:
BREVE INTERPRETACIÓN DEL TERRITORIO DE COLOMBIA.
EN EL EXTREMO noroeste de la América Meridional, la República de
Colombia ocupa una superficie de un millón doscientos mil kilómetros
cuadrados, del paralelo 4,25’ sur al 12,30’ norte, y del 8,4’ al oriente a los
8,46’ al occidente del meridiano de Bogotá.
A unos ciento cuarenta kilómetros en línea recta de la
frontera sur de este territorio con la República del Ecuador, la Cordillera de
los Andes forma la estrella fluvial, estrella de los cinco grandes ríos
colombianos, que da al país su fisonomía y su destino. De aquella cumbre, y a
pocos kilómetros de distancia unos de otros, nacen: El Magdalena, que se
dirige al norte en busca del mar Caribe, después de atravesar el centro de la
República en un recorrido de mil cuatrocientos kilómetros, con ocho mil metros
cúbicos de caudal y dos mil doscientos kilómetros cuadrados de lagunas
colaterales; el Cauca, que sigue la misma dirección al occidente de aquél, para
unírsele luégo con un volumen de tres mil metros cúbicos a doscientos
kilómetros de su desembocadura, después de un curso muy accidentado de mil
trescientos; el Patía, que en tortuoso cauce busca el Océano Pacífico, con
magnitud de unos quinientos metros y cuatrocientos kilómetros de largo; el
Putumayo, que en dirección sureste desemboca en el Amazonas con cuatro mil
metros de vena, a la distancia de algo más de dos mil kilómetros; el Caquetá,
que al oriente del anterior, y más largo aún, recorre dos mil doscientos
kilómetros en dirección paralela a la de su compañero, para llevar al Amazonas
seis mil metros cúbicos de agua.
De este mismo nudo de los Andes colombianos avanzan en
abanico hacia el norte tres ramales de la cordillera: la de Oriente o de
Sumapaz, se extiende en longitud por mil kilómetros, abarcando una superficie
cuadrada deciento treinta mil; la Central o del Quindío, en mucha parte eruptiva,
más antigua que la anterior, y de ella separada por la hoya hidrográfica del
río Magdalena, mide solamente unos mil
kilómetros de largo y ciento diez mil de superficie; el rio Cauca la separa de
la Occidental o del Chocó, que tiene mil doscientos cuarenta de longitud, con
setenta y seis mil de extensión, más o menos.
En esta
Cordillera de Occidente se forma otro nudo o estrella hidrográfica, de donde
párten: el Río Atrato (por el Andágueda, que es su vena madre) hacia el norte
para desaguar en el Mar Caribe, después de un curso sosegado de seiscientos
setenta kilómetros, con cinco mil metros cúbicos de corriente. Este río forma
una cuenca de treinta y cinco mil kilómetros que separa la Cordillera
Occidental de la denominada del Baudó, muy próxima al Océano Pacífico, apenas
de una superficie de quince mil. Del nudo oro- gráfico antes nombrado párte
hacia el suroeste el Río San Juan, de trescientos kilómetros de curso en que
recoge las aguas de una zona de trece mil kilómetros cuadrados. Hacia la
vertiente del Cauca descienden de la misma cumbre algunos ríos de venaje menor,
como el San Juan antioqueño y el bellamente nombrado Rizaralda.
Más al
norte aún aparece otra estrella fluvial sobre la misma Cordillera de Occidente,
por donde se la llama Serranía de Abibe. En esta región nace el Sinú, o más
eufónicamente dicho «Zenú.» de unos seiscientos metros cúbicos de caudal y un
recorrido de cuatrocientos sesenta kilómetros hasta su desembocadura en el
Caribe, después de formar una hoya de trece mil; el León, que tuerce su curso
violento hacia el occidente y el norte en busca del Golfo de Urabá y rinde a él
sus aguas, entrecruzándose un poco con el Atrato. De la dicha cordillera bajan
también el San Jorge, el cual se dirige al Río Cauca por un cauce orientado al
norte y al oriente, de cuatrocientos kilómetros de longitud; el Urania, el
Tarazá y otros de menor cuantía.
Cerca de
la costa del Caribe, entre el Magdalena y el Calancala, surge una cordillera de
corta extensión, aislada al parecer, de sólo diez y seis mil kilómetros
cuadrados, sobre la cual aparece la cuarta estrella fluvial de Colombia por el
nacimiento de varios ríos en opuestas direcciones: el Cesare (y no César, pues
viene de la raízarawack are o ari, como en Sarare, Ariari), que se dirige al
suroeste para enlazarse con el Magdalena a través de la laguna de Zapa- tosa,
con un caudal de quinientos metros cúbicos; el Ranchería que vuelve al
nordeste y desemboca en el Caribe con el nombre de Calancala; el Río Ancho, un
poco más al occidente; el Fundación, que busca la Ciénaga de Santa Marta, donde
confunden parte de sus ondas el Magdalena y el Caribe.
En esta
crecida red fluvial el curso de las aguas no ha sido siempre el enunciado, que
tal vez el Cauca tomó el lecho del San Jorge, y quienes hay que sostienen que
el Magdalena abandonó un antiguo cauce por el Cesare y el Ranchería para
robar el suyo al Cauca, desposeyendo así a Río Hacha del puerto que con el
avance de los siglos corresponde hoy a Barranquilla, y a una extensa zona los
beneficios de la fertilidad y de la navegación.
De los
flancos de la Cordillera de Sumapaz se desprenden otros grandes ríos que van
hacia el oriente en busca de la vaguada del Orinoco. Son ellos, de norte a sur,
el Arauca, de mil kilómetros de vía; el Meta, con mil doscientos; el Vichada,
de unos quinientos; el Guaviare, verdadero genitor del Orinoco (y por ende de
cierta importancia internacional) largo de mil trescientos, y con un volumen
de cinco mil metros cúbicos; el Inírida, de delicioso nombre, afluente del
curso inferior del precedente; el Vaupés o Vaupes, que corresponde ya a la hoya
hidrográfica del Amazonas. Entre el Inírida y el Vaupés se puede colocar la
línea que divide la Orinoquía de la Amazonia colombianas: inmensa región de
seiscientos cincuenta mil kilómetros cuadrados, de los cuales la Orinoquia
representa doscientos cincuenta mil, con un suelo plano de bosques y praderas
incultas, las que a medida que se desciende al norte, van ampliándose más y
más. La Amazonia tiene cuatrocientos mil de selva virgen, con algunas praderas
entre el Vaupés y la región meridional del Caquetá. Ambas regiones son
anegadizas y de, un suelo vegetativo muy mediocre.
Así
abarcamos vagamente este territorio de mil ochocientos cincuenta kilómetros de
largo en dirección de sur a norte, y de mil trescientos setenta de anchura de
oriente a occidente, con cuatrocientos mil kilómetros cuadrados de cordilleras,
sobre el conjunto del cual llueven por segundo noventa y cinco mil metros
cúbicos de agua, los que colectados en los ríos atrás descritos y en sus afluentes
principales (56 más o menos) dan espacio a doce mil kilómetros de navegación
fluvial, no muy fácil infortunadamente, ni para buques de gran calado.
Este
régimen de lluvias, calculado vagamente en la cifra enunciada, varía mucho en
las distintas regiones del país. Por dar de él una imagen aproximada diré que
el territorio colombiano puede considerarse, bajo este aspecto, como una «U*
abierta hacia el Atlántico, en cuya periferia lloviese de tres a cuatro metros
por año y en el centro menos de dos, con un promedio de dos y medio para el
conjunto.
Este
territorio está articulado en una nacionalidad por cinco hechos capitales: de
orden físico el primero, racial el segundo, tradicional-administrativo el
tercero, el cuarto sentimental-histórico, y social-cultural el quinto, a saber:
El Río
Magdalena que recorte el país de sur a norte en una distancia de mil doscientos
kilómetros navegables, es la columna vertebral de su geografía económica, y
hasta hace pocos años la sola comunicación posible entre e\ centro
de la República y el exterior. A la manera que el Cauca se divide en tres
porciones que pudieran definirse: el superior o de las praderas, el medio o de
las rocas, el inferior o de los bosques, nuestro gran río ofrece al geógrafo
tres zonas muy diferenciadas: la pratense o semi-árida, que comprende desde
Neiva hasta La Dorada; la silvana, o de los bosques, con límite en El Banco; la
déltica o litoral, hasta las Bocas de Ceniza. Cada una de estas regiones posee
su geología, fauna y flora peculiares.
Por este
«Gran Rio de la Magdalena» como le llamaron sus primeros exploradores, o
«Yuma» de los aborígenes, llegaron muchos de los pobladores primitivos de este
país, luégo los conquistadores y colonizadores europeos; por él salieron
nuestros productos exportables y entraron la civilización y la cultura de que
disfrutamos ahora. Es el padre de la nacionalidad colombiana. Sus turbias aguas
de lodo amarillento han contemplado nuestra lucha de siglos por hacernos aptos
para llevar un nombre esclarecido en los anales de la historia. Muchos errores
también, destierros y sangre, migraciones colonizadoras, migraciones
culturales, inquietud espiritual, trajín del comercio, todo lo ha soportado con
pasiva benevolencia el dorso móvil de su curso orientador. Le amamos en
Colombia por lo mismo, y nuestra voz acoge su nombre con un acento lírico de
gratitud filial.
Hacia él
miran las aldeas y ciudades que abrigan las faldas y altiplanicies de las dos
cordilleras, Central y Occidental, donde aquella se refugió principalmente, y
desde tales viveros de una raza en gestación hacia él descienden los caminos,
enantes veredas abruptas de penoso tránsito, hoy ferrocarriles y carreteras de
atrevidos zig-zags por las pendientes desafiadoras del equilibrio. En él se
reflejan los plantíos de vertiente que le dieron entidad económica al país, el
cafeto, la caña de azúcar, el maíz y el plátano, las legumbres y forrajes. Y
hacia él mira el alma del viajero cuando va, inquieta, oteando el lejano mundo
de otros pueblos o el signo atormentado de la propia estirpe.
Es la
raza española el segundo eslabón que articula la entidad nacional. Enemigas y
desemejantes, las aborígenes que poseían el territorio pre-colombiano, Chibcha,
Arawack, Caribe, Quimbaya, Zenú, Quillacinga etc., no delimitaban la extensión
geográfica de Colombia. Fue el español el elemento aglutinante para ella y
para la inmigración de origen africano que luégo hubo en el período de la
colonia. Raza demócrata, de un gran corazón hospitalario, sufrida en la
adversidad y generosa en la bonanza, ella supo, y quizá sólo ella pudo, mezclar
su sangre con la de los vencidos y a ellos comunicar el fermento de una común
aspiración a ser algo,y algo siempre mejor, en el individuo, en la familia, en
la municipalidad, en la república.
De la
tradición de un gobierno civil colonial arranca el tercer lazo que nos aglutina
en nación independiente. Y así se reveló este hecho insoluble en !a demarcación
de fronteras a que dio ocasión la independencia del Continente iberoamericano,
el tan nombrado «Uti possidetis juris» del derecho internacional de América.
La
comunidad de sentimientos que la guerra de independencia creó en nosotros, la
comunidad de orgullo por los hombres preclaros que desde todos los confines del
país se irguieron a la dirección de la conciencia nacional, del Chocó a Los
Llanos del Meta, de Cartagena de Indias a la Ipiales del sur; la comunidad de
una cultura, que por la alteza cívica de los gobiernos políticos, la pureza
del eclesiástico, la elación idealista de su literatura,el fervor apostólico
de sus maestros, un Caldas, un Félix de Restrepo, un Francisco de Paula
Santander, un Santiago Pérez, un Pedro Justo Berrío, un Rufino J. Cuervo no
podrían renunciarse sin dolor supremo, sin un sentimiento de orfandad.
El quinto
aglutinante es como la consecuencia de los anteriores, mas de eficacia tan
sobresaliente que no se puede abandonar a la ligera en este análisis. Quiero
referirme a la acción que Bogotá ejerce en la unificación espiritual de la
República por el hecho físico de ser un lugar de convergencia y de contacto,
de que se desprende el entendimiento de muchas disensiones regionales y la
apreciación de las virtudes correlativas; por ser un centro administrativo que
enlaza y funde intereses vitales de la nacionalidad; por ser la sede del poder
legislativo, donde los parlamentarios de todo el país se conocen bien y
solidarizan sus proyectos; por la acción difusora del periodismo nacional que
ahí concentra actividades intelectuales y morales de toda la Nación en los
representativos que asumen esta función social; por la influencia afectiva de
una sociedad constituida con elementos de los cuatro ángulos del territorio,
acogedora, discreta, inteligente y suave, que pronto cautiva a los provincianos
que la visitan aunque sea fugazmente; y, en fin, por la indeleble impregnación
de solidaridad espiritual que los colegios y las universidades motivan en el
ánimo de la juventud que en ellos se amalgama y confunde.
El hecho dominante en la economía nacional es que esta república tiene una civilización de «vertiente». Por mucho tiempo ensayó el progreso de las llanuras cálidas: Santa Marta, Cartagena, Santa Fé de Antioquia, Mompós, Mariquita, Remedios, Zaragoza, Panamá misma, Santa María la Antigua del Darién, ciudades y aldeas de los llanos de Oriente etc. sin lograr vencer la enemistad del trópico que debilitaba y diezmaba la población en proporciones insostenibles. En las altas mesetas frías situóse también, como en Bogotá,Tunja, Pamplona, Santa Rosa de Osos con buen éxito para la salud, pero con insignificante progreso por carecer estos países en lo general de zonas fértiles, de aguas abundantes, de conexiones comerciales adecuadas y, un sí es no es, por las condiciones predominantes de un paisaje melancólico y clima desapacible en gran porción del año, a más de la ausencia de artículos exportables con qué alimentar una civilización holgada.
A todo
esto vino a remediar la conquista de la vertiente: laderas y valles
comprendidos entre los quinientos y mil ochocientos metros de altura sobre el
nivel del mar, un poco más, un poco menos, según la topografía y orientación de
las tierras, donde la agricultura rinde rápidas cosechas y no está poblado el
ambiente de tantos peligros contra la vida del trabajador; donde se produce el
plátano, ese maná que salvó la estirpe en su lucha a muerte con el aislamiento,
las distancias y la pobreza de recursos, regalo de compensación de la tierra
tropical a sus moradores, sin el cual no se entiende que hubieran podido
subsistir, y que por algo lleva nombres de tan delicada eufonía como el de
«Musa paradisiaca», «Musa regium», «Musasapientium*,que parecen una acción de
gracias por su misión redentora, por la abundancia con que se da y el generoso
contenido de su pulpa, agradable, saludable y nutritiva. El maíz, que por
coincidencia fonética lleva el nombre de uno de nuestros más románticos
patriotas, el Zea de la guerra magna, «Zea maíz», cantado justamente por el
poeta antioqueño con graciosa donosura de intimidad y de gratitud, mazorca
dadivosa que aliméntala familia y los ganados, que se deja almacenar para
reserva, que se da en tan variados modos de bebida y de alimento. La «Jatropha
manhioc» o yuca, alter ego ca- lentano de la papa, tan americanas las dos, tan
obedientes en tomar sabores distintos según se las cueza y condimente, que más
parecen hermanas en servicio del hombre, aunque en verdad las ciencia las
clasifique muy lejos una de otra. Si a éstas añadimos los fríjoles, el arroz y
el trigo, ya tenemos la base vegetal de la alimentación de nuestro pueblo, de
la cual corresponde a la agricultura de vertiente, o a ella se adapta, casi la
totalidad, pues que sólo a medias habría que descontar patata y trigo, más
habituados al clima de la altiplanicie.
Aun el
tabaco, hoy artículo comercial de primera categoría, se da en los límites
inferiores de esta «zona de transición* digámoslo así, de la cual es rey el
cafeto, redentor de nuestra economía y amo ahora de nuestro porvenir, ya que
aporta un ochenta por ciento a la exportación colombiana.
A estos productos fundamentales para la vida interna y el comercio exterior, se añade en la agricultura de las vertientes el inmensamente rico, por lo variado, por lo provechoso a la salud, por lo grato al gusto, sector de las frutas. Es algo en que la naturaleza parece rivalizar consigo misma en dones de bondad y de pulcritud, cual si jugara a un regalo entre decorativo y útil. El naranjo, en primera línea, en que al follaje verde unió el rojeado fruto para supremo atractivo de colores, y al fruto dio la redondez, suave y sano aroma, e hizo de su pulpa, si por la mitad se parte, dos copas de bebida y de alimento a la vez, acidulada, azucarada y perfumada, cual un «cocktail» de perfecta salubridad, que refresca y nutre, que así cura las dolencias como deleita el paladar en rara copia de perfecciones. Su hermana la toronja china «Citrus malí», de un amargo estimulante, tan útil a los viajeros de mar. La mandarina, recién llegada de Oriente, coqueta como su nombre, «Citrus deliciosa», que rendida se ofrece, aromada y dulce. La chirimoya, el anón y la guanábana, suculentas anonáceas del trópico que tan diferentes perfumes y sabores nos dan en la albura algodonosa de su carne. La piña generosa, que con ser pequeña tan grande fruto ofrece, decorada de bellos dibujos su corteza, anaranjada y verde, coronada de un follaje estelar, cual si a sí misma quisiera darse adorno por lucir a los postres en copa y contenido ejemplares. La roja ciruela «calentana», «Spondias purpurea», que no ha hallado en el mundo rival en exquisitez. La «Persea gratíssima» o aguacate, mantequilla vegetal de sabor tan suyo y apartado de toda semejanza que requiere aprendizaje en el gozar de él. La papaya, la patilla y el melón, «Cucurbita citrulus», «Cucurbita meló», que juegan a parecerse en el servicio de la mesa, ocultando en la similitud sabores muy variados y bondades intransmisibles. Algunas pasifloráceas, como la granadilla o «Pasiflora ligularis» y la curuba «Tacsonia mollisima» o «antioquensis», noble enredadera de flores elegantes y jugoso fruto, lujosamente aprovechado en los sorbetes de la cocina colombiana. Las guayabas, «Psidium pomiferum», «Myrtus psidium» etc., que saben colorarse y acidularse en discretas gradaciones para estimular el comercio, ya rico, de sus conservas. El mango de majestuosa estirpe.....................
¿Quién
podría decirlo todo y todo definir con justicia en tratándose de este caudaloso
mundo vegetal de las vertientes? Por algo el corazón se expande al descenso de
la altiplanicie cuando en un recodo de la vía surge el primer anuncio de la
tierra templada en el lejano plantío de estrellas verdes que forma el
platanar. Qué pronto aclaman la luz en el patizuelo y corredor de las casitas
el «curazao» o buganvilia, el cándido jasmín, «Jasminum grandiflorum», y el
«rojo», violenta clarinada de color, simulacro de una rosa sin espinas en
arbusto de follaje espeso.
Contemplada
así la vertiente en somero examen, miremos también el páramo de las cumbres
andinas y la llanura tórrida del Magdalena, para enlazar la sucesión de
paisajes que ofrece la topografía de Colombia.
De variedad e infinitud es la impresión definitiva que impone nuestra tierra. De ahí que tan difícil sea dar de su conjunto alguna imagen, siquiera esfumada y confusa. Es un panorama peculiar el que nos ofrece la visión de un páramo adonde la niebla sube trepando lentamente por la falda abrupta en dilatados cúmulos, cual nubes que se vieran desde un avión muy alto. Ahí, de tres mil a cuatro mil metros de altitud, la racha fría de un viento, huracanado a veces, azota la enjuta vegetación de la pendiente. Si a lo lejos se mira, tal vez un volcán como el Puracé, deja ver su penacho de humo y fuego sobre el alta cordillera, o un nevado de perfecto cono, digamos el Tolima; si se contempla el paisaje en rededor, ora son riscos de roca desnuda o de más suave pendiente, donde ya vegetan la grama menuda «Zizania aquática*, el «Camalagratis» o paja de páramo, el espartillo o «Gastridium lendigerum», el «panicutn», la avena y pequeñas plantas de finas flores a la manera del «Arnica montana» y la graciosa díctamo, que en esas alturas sustentan manadas de conejos, como en el páramo del Ruiz, o de curies, «Amoemo cobaya», en las cumbres nariñenses, de venados, «Cervus colombianus», en todas las altas regiones de nuestras cordilleras, adonde han huido en busca del sosiego de tales soledades. Al descender, surgen arbustos raquíticos, el felpudo frailejón, v. g., bautizado por nuestros botánicos con el nombre elegante y justiciero de «Espeletia gigantea» o «grandiflora», el chite o «Hi- pericum» de las alturas, gracioso como un pino enano, y el «Hymenophilum» de las faldas o helecho de Bogotá. Un poco más abajo todavía aparecen otros arbustos débiles aún como el mortiño, la chilca y el chusque, que en términos botánicos se traducen por «Hesperomeles», «Baccharis poliantha y «Chusquea scandens», respectivamente. Proliferan luégo en apretado matorral la «uva» silvestre o «camarona», y el romero y la salvia propicios a la abeja clásica del Hi- meto ateniense. En los bosques que siguen a esta flaca vegetación vense ya el roble, el aliso, el nogal, la hermosa palma de cera que a la suprema esbeltez de su porte aúna el bello nombre suyo de «Ceroxylon andícola», y la otra.de gratos recuerdos infantiles, por ser el emblema místico de la Semana Santa, la grácil «Oreodoxia frígida.»
Muchos de
estos paisajes han variado con la presencia del europeo: La Sabana de Bogotá, a
dos mil seiscientos metros de altura, tenía antes el sauce, el arboloco, mejor
llamado indudablemente «Polimnia piramidalis», el borrachero, o sea «Datura
arbórea», el aliso, el nogal y el cedro, (el tibar, «Escalonia tubar», y el
encenillo, «Weimannia he- terophyla», en los repliegues de la serranía) y hoy
puede decirse que el eucalipto australiano se apoderó del paisaje, apenas si de
trecho en trecho embellecido por acacias y palmeras que en huertos y patios o
en jardines públicos el buen sentido estético de la raza va recientemente
aprovechando.
De los quinientos a los dos mil metros de altura prosperan los bellos bosques de la zona media, donde los cafetales abundan, si la tierra es fértil, al abrigo de su gran protector el guamo, leguminosa de variadas especies, principalmente aprovechadas la «Inga lúcida» y la «Inga circi- nalis»; o bien aplicada a otros cultivos y dehesas de ganados. En esta región predominan útiles maderas, como el guayacán, «Eugenia otobaefolia» y el laurel; árboles útiles a la medicina, como el higuerón, «Ficus glabrata», o decorativos de bella inflorescencia al modo del carbonero antio- queño denominado «Albizzia calliandria*,y centenares más de imposible memoria en este epítome. Dos arbustos limitan estas dos alturas, que un colombiano no olvida fácilmente: la flor de mayo o sietecueros, «Tibouchina mutá- bilis», en las lindes de la tierra fría, y el matarratón, «Gli- ricidia sepium», en las llanuras ardientes, de flores tan gentiles ambos que iluminan las praderas, conjuntamente en rojo y púrpura el primero, en tenue rosa el otro. A veces las vertientes se precipitan tanto que no permiten la buena vegetación, y sólo se cubren de extensos pajonales, digamos la inútil gramínea llamada «rabo de zorro» por nuestros labriegos, «Saccharum ravence» de los científicos, o de zarzales, helechos y raquíticas malezas.
El bosque
virgen de la Magdalenia, mayor de veinte mil kilómetros, o del Atrato y el San
Juan, de unos cuarenta mil, de la Amazonia, más amplio todavía etc., tienen el
samán, el caucho, la ceiba y la guadua; el caracoli o «Rino- carpus excelsa»,
el imponderable amamor, «Zigophylum», que con ser un arbusto no produce la
naturaleza cosa igual en el colorido y finura de la madera, que por su tinte se
llama también «carey»; el «Nectandria laurel» o laurel comino de los
ebanistas, y el comino crespo, «Aneba peruti- lis» que se defienden con su
delicioso aroma de las muchas plagas de insectos que en sitios templados y
calientes destruyen el mobiliario y las construcciones domésticas. A la orilla
de los ríos se obtiene el balso, de grata memoria en la navegación colonial de
Colombia, «Ochroma tormentosa», que por su leve peso hace sobreaguar las
embarcaciones; y en el litoral marino prospera a su antojo soberano el mangle,
que con tan discreto ardid se defiende de las ondas y poco a poco les va
robando playa. El comercio aprovecha algunas gomas para el «chicle», el tanino
de varios frutos y cortezas, como el dividivi, maderas de lujo de la importancia
de la caoba ; y aguarda poder explotar otros productos vegetales de gran
porvenir, cual la «Bromelia Iongi- folia» o «Ananas magdalenae », que existe en
el Chocó, en Valledupar, en el Carare, en proporciones inmensas, hasta de
veinte kilómetros cuadrados, y que produce una fibra, de tres a cuatro metros
de longitud, fina y suave, al modo de un lino de estupenda bondad.
¿Cómo se imponen estos paisajes a la
imaginación?
En el
hirsuto páramo en que las rocas rezumantes de humedad dan mezquino arraigo al
liquen y musgos que un eterno rocío, a
veces escarchado, impregna, el cielo gris, frío e.l ambiente, húmeda la tierra,
pasa el viajero aterido y pusilánime, apenas si echando a lo lejos un vistazo
furtivo para contemplar el remoto panorama, velado a trechos por la niebla
perezosa, o los faldones casi verticales de la serranía por donde serpentea el
camino en vertiginoso descenso hacia la meseta inferior, allá abajo enclavada
entre una corona de arriscados montes. Cuan distante, digo, este humilde
paisaje del que nos deleita al viajar por el Magdalena inferior, donde se va
sobre el ancho rio a través de un bosque virgen que se extiende en abanico
centenares de kilómetros: En un ambiente que caldea la temperatura tropical
por encima de treinta grados, atenuados un poco en ocasiones por la brisa que
mueve el avance trepidante del buque, el bosque destaca por encima de los
gramalotes, pla- tanilíos y guarumos ribereños, alguna ceiba, algún cámbulo
florecido, alguna enhiesta palma. En su conjunto distingue la retina
inquisidora hasta catorce matices de verde entrelazados sobre la barranca roja
o gris de las orillas. Cierta lasitud que causa el calor, la noción de estar en
una inmensa selva virgen, la vista de horizontes lejanos, encendidos en el
véspero de la mañana y de la tarde con exquisitos tonos de luz que juegan a
rubí, a topacio, a esmeralda, al encender las remotas nubecitas o diluirse en
el cielo horizontal que se aleja un medio cuadrante del sol, y muy principalmente
en las horas del medio día, cuando el amplio dombo azul tórnase tenuemente
lila, el alma se diluye en el ambiente, casi se desliga y desvanece en una
emoción cósmica cargada de intuiciones inefables, de intuiciones de infinito
sin forma mental, endósmosis del mundo.
En la parte superior del Cauca y del Magdalena, a más de
mil kilómetros de su desembocadura en el Caribe, dos extensos valles, lagos
profundos en edades geológicas, ofrecen descanso a la vista de tan abruptas
cordilleras y refugio al hombre que ahí ha mucho aprovechó el prado natural o
dominó la selva y la reemplazó con útiles y variadas plantaciones, el plátano,
el maíz, la caña de azúcar, el arroz, el cacao, el tabaco; y la grama común, la
guinea y el pará que alimentan los numerosos ganados que los pueblan.
El valle del Alto Magdalena, en jurisdicción del Huila y del Tolima, de escasa capa vegetal, suelo de acarreo de las rocas de ambas cordilleras, es muy seco, además, porque sus aguas van profundamente encauzadas y más le sirven de sifón aspirante que de riego; de donde el que sea estéril, si exceptuamos la parte septentrional y pequeños recodos de la otra.
Entre la Cordillera Central, que lo separa del Río Magdalena, y la Occidental o del Pacífico, está situado el valle del Cauca a mil metros de altura. Dilatada artesa geológica de tres mil kilómetros cuadrados, ofrece al viajero una belleza emocionante que rivaliza con las mejores de América.
Más
fértil que el anterior, sobre todo en las proximidades del rio y al acercarse a
la Cordillera Central, tiene un porvenir agrícola firme para cuando la
intensificación de los cultivos, el aprovechamiento racional de las aguas (que
ya tienden a escasear) y la connivencia con los buenos mercados lo permitan.
Entre aquel paisaje de los páramos y éste de las hoyas
hidrográficas de los dos grandes ríos del centro colombiano se encuentran las
hondonadas y vallecitos que en sus repliegues incesantes forman las
cordilleras en centenar y medio de kilómetros a lo ancho y por algo más de mil
de sur a norte. A veces se explaya la meseta en graciosa planicie, como las de
Bogotá, Ubaté y Soganioso de la Cordillera Oriental; las de Ovejas, Cuivá y
Rionegro en la región antioqueña de la Central; la de Herveo, en Caldas; la de
Ipiales—Túquerres, allá en el departamento de Nariño.
La Sabana de Bogotá, que es la de mayor amplitud con sus
mil quinientos kilómetros de superficie (incluyendo los vallecitos aledaños), y
una de las más fértiles de la República, es amable en su misma severidad y
melancolía. Terreno lacustre, apenas en formación en tiempos de la conquista,
cuando aun estaba cuajado de lagunas y brazuelos de agua, a más del río Funzao
Bogotá que la atraviesa pausadamente en curvas que se tocan casi en su
perezoso vaivén, ha venido transformándose prodigiosamente en los últimos
setenta años. Porque se drenaron las aguas, primero; por el copioso arbolado
de eucaliptos que hoy la cubre en extensas porciones, luégo; y en fin, muy principalmente,
por las muchas y ya elegantes viviendas que al rededor de la ciudad, en las
poblaciones vecinas y aun en las haciendas más distantes se construyen. Con
todo, la vista panorámica de esta altiplanicie no expande el espíritu, más
parece interiorizarle, volverle introspectivo, lento, en un ritmo de discreta
soledad o «saudade*. Aun es así contemplada de la altura del Monserrate,desde
donde toda ella se da en azules distancias, partidas por la cinta argéntea del
rio, muy allá la frontera serranía de occidente, y más distante aún, en brumoso horizonte, el nevado cono del Tolima. Y
es así también en los bellos días decembrinos, cuando en grato paseo al Salto
del Tequendama se la recorre a pleno sol, o en camino del norte se va por
rendir admiración a las grutas encantadas de la salina de Zipaquirá. Y loes
asimismo, en el alma de sus poetas, en el canto un poco trémolo, de sus
troveros populares, y hasta en el acento reposado y sedoso de sus mujeres.
Todo un
mundo la separa espiritual y geográficamente de las llanuras orientales del
Meta, allá por las remotas sabanas que dan al gran Orinoco de la linde
venezolana. Extensas praderas, donde arraigan varias especies de gramíneas
unívocamente denominadas « paja », que los hacendados distinguen con los
nombres familiares de «lanosa», «azul», «basta» (de muy mala calidad
alimenticia); «alta», «dura», mejor conceptuadas; y en las regiones de suelo
fértil, digamos en Llanos de San Martín y San Juan de Arama, el «pasto negro»,
alivio de los ganados y prosperidad para los dueños de «hato* en aquellas
comarcas insalubres y bravias. A más de este régimen de praderas, vense allí
tupidos bosques a la orilla de los ríos, extensos guaduales a veces, de esa
elegante guadua del Orinoco«Bambusa latifolia», árboles de preciadas maderas o
de útiles resinas, palmas de tán- ta variedad y donosura que provoca el
describirlas separadamente: La comestible, recurso supremo de viajeros extraviados
«Oreodoxia regia»; la del vino, «Cocus butiracea»; la de chonta, «Calamus rudentum»;
la del aceite de seje, «Oenocarpus seje»; la útilísima chingalé, «Astrocaryum
malibo»; la macana, arsenal de los indígenas, «Guillelma speciosa»; la del
marfil vegetal, «Phytelephas macrocatpa»; la del bálsamo, «Myroxilón balsamun»;
la «Mauritia flexuo- sa».... De manera que sin exagerar un ápice el adjetivo,
puede decirse de ellas que son providenciales, porque suministran alimento,
condimento y bebida, cama y techumbre, armas, medicina y adorno de envidiable
delicadeza. Y aun me faltaría nombrar otras de importación reciente, el
cocotero v. g., que al decir de un naturalista yanqui es originaria de nuestro
célebre Valle caucano; las de corozo, quindiana alguna de ellas tal vez, et sic
de caeteris.
En la ruta que de Bogotá conduce a Los Llanos (como generalmente se llama en toda la República aquella extensí* sima región) hay un punto, Bellavista, donde se da la primera visión de nuestra pampa: desde ahí se apodera del viajero y más y más le domina al penetrar en la planicie un ánimo diferente de nueva y rara sensibilidad. Cien kilómetros adentro ya ha mudado de personalidad, a quinientos no se pertenece, cautivo alelado de lo inmenso. Del Inírida hacia el sur son los bosques que van a confundirse con la selva amazónica; del Inírida hacia el norte, hasta el corazón de Venezuela, la pampa tropical surcada de ríos navegables, con frondosas cintas de bosques y sotos de palmeras a orillas de las fuentes y un aire, en fin, que trepida como llamas incoloras sobre el «pajonal» indefinido,bajo el fuego cenital del sol. El hombre de la urbe es un protegido que vive acurrucado bajo el ala de la precaución, mirando neuróticamente todo cuanto de lo externo puede dañarle. El hombre de la pampa tiene que medirse solo con el mundo, y un mundo agresivo de la mañana a la noche y de la noche a la mañana. En su dilema trágico de vencer o ptrecer desarrolla una personalidad abierta a toda lid, a todo ensayo, a los rumbos ideales de la rosa de los vientos, solo camino en la llanura ilimitada que tiene por techo al sol y al azar por único lindero. Si alguna vez, y ello es frecuente, comtempló las borrascas apocalípticas de su llano y vio turbiones de agua en furia torrencial iluminarse con la luz cárdena de las centellas, y temblar la tierra con el fragor del trueno en cerrada descarga que circunvala el horizonte, aquí y allá deshilachado un árbol, por dondequiera desbordados los ríos, ensombrecido el mundo, mugiendo de pavor las fieras, dejará de ser hombre para convertirse en un reto a la fatalidad, brava la pupila oteadora y crispado el labio en impávido silencio. Si alguna vez, y ello es cotidiano acontecimiento, ve surgir el sol, más grande en la bruma y rojo de brasa, al parecer jugueteando a vuelcos en el pajonal lejano, cual si quisiera limpiarse las cenizas de la aurora, y tender sus rayos en pabellones horizontales por la absorta planicie matinal, aprenderá cómo fue la tierra en la juventud del mundo, y en su alma sentirá un canto asordi- nado de la religión natural, confusa y cósmica, tramada toda en la luz del sol, genitora indeficiente.
Del Orinoco al alto Amazonas se extiende una selva
continental en grandioso hemiciclo por el que limita Colombia con Venezuela,
Brasil, el Perú y el Ecuador. De la frontera de este último hasta el Golfo de
Urabá, siguiendo la costa del Océano Pacifico y las vertientes del Rio Atrato,
existe otra de más del mil kilómetros de longitud. Atrás he nombrado las que
cubren las cuencas de nuestros ríos interiores. Más de media República está,
pues, sumida en bosque virgen. Seiscientos mil kilómetros cuadrados de tierra
baldía aún. ¿Qué sello peculiar pone esta naturaleza al hombre, si es que pone
alguno? No lo sé bien. Para mí selva y magia se confunden. Es el ambiente de lo inesperado,
de la traición, de lo inextricable y sombrío. Bajo el techo vegetal sin fin se
avanza en la penumbra de un mundo cuasi cavernario, sin frente ni espalda, sin
derecha ni izquierda: inagotable sucesión de troncos, de bejucos, de intrincada
maleza, de arroyos y pantanos, igual acá, igual allá, igual en todas
direcciones, hasta producir el vértigo de la indeterminación espacial y el
vértigo de la indefinición de los seres. Muy alto, en la copa de los árboles,
en aves, flores y hojas, lucha a superarse la vida en busca de la luz; de ahí
abajo habitan animales y plantas trepadores; por el suelo las sabandijas,
reptiles y mamíferos; en el ambiente nubes de insectos que, cual los mosquitos,
forman casi una niebla en la atenuada luz del bosque. En tal mundo el hombre
no se siente espiritualmente diluido en el espacio. Es un prisionero del caos.
Un limitado por doquiera. Un amenazado en el suelo, en el aire, desde lo alto
de la urdimbre. En la pampa se vio erguido ante la inmensidad, cual un
componente cósmico ; aquí anda cercado en la vista, cercado en los pies, en los
brazos, disminuido, en fin, y condenado a ser un elemento débil en un ambiente
confuso. El árbol es más potente que él, el agua quieta y traidora es más
potente que él, la fiera oculta, la alimaña vigilante, el insecto imperceptible
son más potentes que él. La naturaleza es ahí un conjunto de fuerzas enemigas,
circundantes e invisibles, diabólicas: un mundo mágico al que es necesario
contrarrestar o hacer propicio por medio de entes ocultos, el fetiche, el
talismán, el rito misterioso o el rezo de virtud arcana.
Lo que se llama riqueza de subsuelo parece notable en
nuestro país, pero, excepción hecha de ios productos minerales de mayor
importancia, permanece inexplotada aún: oro, plata, platino, esmeraldas, sal
gema, carbón, petróleo, son los recursos naturales mejor aprovechados ahora.
En este sentido podemos calificar, muy románticamente, los tres ramales de
nuestros Andes en cordillera de la sal gema y de las esmeraldas a la que vienen
del Ecuador hacia el mar Caribe por el oriente; de cordillera del oro y de la
plata a la del Quindío que desciende en la misma dirección por el centro; del
platino y del oro, en fin, a la occidente que avanza casi paralela al litoral
del Océano Pacífico. Pronto les llegará su hora de explotación económica a los
minerales humildes, quizá de un rendimiento pecuniario poco
apreciable aún por la fascinación que aquellos otros ejercen: hierro, cobre,
estaño, antimonio, azufre, plomo, carbón, mica, mármol etc., de que hay
abundantes muestras en varias regiones colombianas, algunas de ellas
desgraciadamente en filones o presentaciones flacas o difusas que no permiten
una concentración industrial de grande aliento, y han dado ocasión a
peligrosos desengaños que es preciso entender, prever y corregir.
No
quisiera, sin embargo, avanzar en este estudio, por que él será objeto de mayor
cuidado en el capítulo que dedicaré a la evolución de la nuestra economía.
El hombre de origen europeo ha necesitado de replegarse
a las cordilleras para poder prosperar en Colombia, pero ya le llegó el momento
de enfrentarse a la zona tropical bravia.
¿En qué
condiciones?
La vida animal en el territorio colombiano ofrece al
naturalista puntos de muy honda preocupación. Lugares tenemos como la extensa
zona chocoana en que la fauna parece persistir en épocas ya remotas para otros
continentes, pues ahí pudiéramos colocar (según leyenda, a veces corregida),
el paraíso americano de los ofidios venenosos, los terribles botrops, los elaps
y laquesis. Verdad es que otros sitios no le van en zaga en esta materia: en
los bosques de la Orinoquia prosperan la vigorosa sierpe de agua o «Eunectes
marinus», el boa constrictor o «guío» ; y en todas las praderas y herbazales de
alta temperatura hállase frecuentemente el temible crótalo o serpiente de cascabel.
Todas las regiones del país dan origen a numerosos
placentarios, simios, carniceros, rumiantes, roedores etc., pero de pequeña
talla. Algunas se distinguen por el número y variedad de peces, la Amazonia v.
gr., o de bellísimos insectos, como el Muzuac o región de Muzo. Aves de gracia
peregrina se ven en muchas partes, entre las que pudiera nombrar de
preferencia a los Llanos. Empero, si es verdad que en el reino de los
vegetales América devuelve a los otros continentes su rica aportación, no pudo
rivalizar con ellos en algunas ramas superiores de la vida. La papa de los
Andes favorece hoy a la humanidad tanto como el trigo de Siria; al café de
Arabia o Nubia correspondió América con el cacao; a la avena con el maíz; al
dátil de Libia con el cocotero caucano; al mango de la India asiática con el
aguacate; a la granada de Andalucía con la granadilla de nuestras vertientes;
al melón con la guanábana; a la aceituna con el «-mil pesos», al árbol del pan
con el «palactoden- dron» o árbol de la leche y la palma del vino; a los guisantes
con los fríjoles mejicanos; al opio de Oriente con la coca tropical; a la rosa
con las orquídeas; et sic de caete- ris, un caeteris orgulloso de abarcar la
quina y el caucho que duplicaron el radio de la cultura, y el tabaco que en
espirales sutiles desvanece la realidad y el yo dilata en vagarosa ensoñación,
azul e «inasible» como la vida y la conciencia.
En cambio, al elefante sólo podemos oponer el tapir, al
camello la llama, al cordero la vicuña, a la girafa el venado, al tigre el
jaguar, al león el puma, al canguro el opu- sum, al gorila el marimonda o
«belzebuth»; y nada tuvimos desde la época cuaternaria para reemplazar el
caballo, el toro, el asno, en esta América meridional, causando con ello una
detención en la marcha del progreso de sus naciones aborígenes. Esta pobreza
en grandes mamíferos, y muy principalmente de los cuadrumanos o simios
superiores, se liga en mi pensamiento con la debilidad del indio y su atávica
tristeza, como lo insinué en página anterior.
No ocurre tan grave desequilibrio en la comparación de
las aves propias y extranjeras: Aun al ave del paraíso podemos parangonar el
quetzal de Centro América y la «cerraja* del Chocó; al pavo real, el garzón
del Guaviare; al canario el sinsonte y la «Frigilla granatina» o chisga sabanera;
al águila, que también tenemos, el cóndor; a la gallina del Ganges el pavo o
guajalote mexicano y el gentilísimo «tente» del Caquetá, protector de los
niños. Nuéstros son el orgulloso turpial «Icterus» y el arrendajo o «Turdus»,
imitador de cantos, y los bellos colibríes, juguetes de luz....
De insectos posee esta tierra especies insuperables en
belleza, y también en predaciones, como la mariposa azul del río Minero,
«Papilio zaphirus», luciérnagas «fantásticas», al decir del poeta, arañas
temibles y escorpiones, hormigas trágicas, como la «tambocha» del Vaupés, y muy
interesantes, como la santandereana comestible, deliciosa al paladar de los
aficionados.
Los ríos de los Llanos orientales crían preciados peces
de gran tamaño, como el «valentón» de dramática captura, el manatí y miles de
especies conocidas o aún sin clasificar. Y hasta algunas de encantadoras
leyendas populares como la «tonina» del Guaviare, «Delphinus tonina». El
Magdalena ofrece al comercio gran copia también, principalmente el «Silurus
bagre*. El Cauca es rico en la deliciosa dorada, «Chrysopharis dorata». Y
hasta los riachuelos de la altiplanicie albergan su propia fauna, el famoso
«capitán», «Heremóphylus mutisii», y la guapucha o «Grun- dulus bogotensis» de
los amagamientos andinos. Rarezas todavía pudieran citarse, tal aquel «tití»
del Atrato y sus afluentes, pez el más diminuto conocido hoy.
En las excavaciones ocasionales y experimentales verificadas
en nuestra altiplanicie y otras comarcas de Colombia se han hallado restos de
mamíferos gigantes, lo que prueba un cambio en las condiciones meteorológicas y
geológicas de esta América del Sur. Hay un ritmo de temperatura terrestre con
ondulaciones de cien mil a quinientos mil años que no sé cómo entender, y que
parece explicar estas fluctuaciones de la vida y de la forma de los
continentes. Antepasados del caballo y del elefante, mastodontes etc., han sido
desenterrados, denunciando la capacidad primitiva de este suelo para especies
animales más potentes que las contemporáneas. Tal vez la presencia del bisonte
en la América septentrional indica que allí las modificaciones del medio
biológico fueron menos profundas. Zonas francamente desérticas, como la
Guajira, o semi-áridas como en los Llanos, el Tolima y Sabanas de Corozal,
sugieren que fenómenos climatéricos activos están en acción modificadora aún.
Sea de ello lo que fuere, es grato anotar que la introducción
de los animales domésticos transformó milagrosamente el paisaje de nuestra
América. Basta memorar su presencia para amarlos con devoción entrañable: ¿Se
imagina uno la exaltación de portento que sería para los soldados de Badillo
cuando una tarde, perdidos en la enmarañada selva del Darién, allá por los
tiempos de la conquista, oyeron el canto remoto de un gallo en la profundidad
del bosque? Era el anuncio de la sociedad humana, era la presencia del hombre
lo que así llegaba a redimirlos en aquella voz amiga. ¿Y quién no vio con ojos
de atávica simpatía el ganado vacuno de las dehesas por donde va cruzando
nuestro camino de viajeros? El paso lento de los toros, majestuoso y rítmico,
anuncia la proximidad del hombrea la vez que mide la llanura en una afirmación
de reposado imperio. En este avance de humanización del mundo, el fuego del
hogar, la agricultura y el animal doméstico, por haber sido los iniciadores
quizá, y por la larga serie de siglos que han obrado en el ánimo de la especie,
cautivan el corazón con dulce apremio de ternura. Y nosotros los hijos de tan
abruptas cordilleras más rendida gratitud debemos a estos sostenedores de
nuestra, hasta ayer, campesina civilización, el caballo
que nos condujo, alerta y firme, por todos los senderos, la vaca que alimentó
la familia, el tardo buey que transportó pacientemente el escaso comercio de
nuestra fortuna, y que todavía al mirarle sumiso y fuerte nos hace recordar
aquel «co'l lento giro de’ pazzienti occhi....» en queCarducci enmarcó toda la
bondad y mansedumbre de su sino.
Este es vagamente esbozado el aspecto físico de Colombia.
¿ Que cualidades agrícolas presenta para la habitación del hombre?
La feracidad del suelo colombiano ha sido exagerada por
unos hasta el ditirambo inaceptable, y negada por otros con inconsiderado
exceso. En puridad de evidencia no es un edén si le miramos en conjunto, ya que
muchas son, y extensas, las zonas de pobre rendimiento agrícola que comprende
el país. No obstante, las que tiene de buena calidad lo capacitan para sostener
holgadamente una población de unos treinta millones.
Desde luego el concepto de fertilidad sufre algunas restricciones,
porque una tierra poco utilizable para la caña de azúcar puede serlo para
forrajes o para cultivo de frutas, por ejemplo. Es el caso de regiones donde
se producen bien los cocos o la pita, digamos, que no rendirían gran provecho
en otra industria. Algo semejante ocurre con la ganadería, el cacao y el café.
A más de esto, clasificar la bondad del suelo por nociones
genéricas no conduce a ningún resultado efectivo: Colombia posee unos cuarenta
y cinco mil kilómetros cuadrados de páramo, es decir, tierra situada por
encima de los tres mil metros de altitud hasta el nivel de las nieves, que en
nuestras cordilleras fluctúa al rededor de los cuatro mil quinientos: Pues
bien, en esas alturas, yermas en algunos sitios, y por antonomasia estériles,
existen regiones privilegiadas en las vecindades de Suinapaz y esas que del
Quindío se extienden hasta el Páramo de las Papas, y por el norte boyacense
Guicán y Cocuy, que cautivan la admiración de los agricultores.
Es que la exigencia de los diversos cultivos entrevera mucho la clasificación ideal: En un suelo silíceo puede darse bien la remolacha, en uno arcilloso la lechuga, en uno calcáreo la cebada, y hasta las turberas tienen su vegetación propia. No implica esto que no exista una composición genérica que se denomina suelo de buena calidad por la armoniosa proporción de sus componentes, humus, minerales, humedad, aereacción, cuyo conocimiento justifica y encarece la técnica de los agrómonos.
Nuestras
coRdilleras se comportan con relación a la agricultura de muy diferente modo :
Esta Oriental es fértil en las planicies y hondonadas, y en grado superlativo
en ciertos valltcitos de Cundinamarca y Boyacá. La Cordillera Central o del
Quindío tiene mesetas muy estériles, y en cambio, su formación eruptiva le
pioporciona algunas vertientes de fecundidad admirable. Este hecho constituye
la redención de Antioquia, pues le permitió el cultivo del café en suelos que
por su inclinación se habrían esterilizado muy brevemente en otras condiciones,
y se lo permitió de esa calidad noble que ahí rinde» las cosechas por la composición
mineral suya de volcánico origen.
Partiendo
de Bogotá hacia el norte, para así circunvalar la República, podrían
mencionarse algunos terrenos de buen rendimiento espontáneo, los que nombraré
someramente para contribuirá que se forme el mapa agrícola de Colombia :
En Boyacá
y Cundinamarca tenemos: la Sabana de Bogotá, con una extensión, incluyendo las
regiones próximas que geológica y agrícolamente la continúan, de mil
quinientos kilómetros cuadrados, los valles de Ubaté-Chi- quinquirá, al rededor
de unos doscientos; el de Duita- ma-Paipa-Sogamoso, de trescientos quizá; los
de Sainacá y Sotaquirá, que pueden calcularse de veinte y treinta cada uno; la
elevada región del Cocuy y las onduladas vertientes del «valle» de Tenza en
grande extensión; múltiples rincones que desde las alturas a la planicie
ardiente presentan a trechos fertilidad notoria: fuentes del Ariari, vegas
bajas del Bogotá y del Apulo, región de las frutas de Anolaima, cañaduzales de
La Mesa, cafetales de Viotá, hoya del Rionegro, tierras del oriente
cundinamarqués....
Santander
tiene en su García Rovira y en la provincia de Vélez hondonadas de estupenda
calidad: Málaga, Chu- curí, San Andrés, Rionegro y Cepitá son muy renombrados.
Por el norte, la hoya del Zulia, zona cafetera de Cúcuta a Sardinata, Chinácota
y otros sitios de menor superficie.
La
Península de la Guajira se divide, como Arabia, en región desértica (o
semi-desértica al menos), al norte, y en una especie de Arabia feliz (?) al
decir de algunos habitantes de ese raro mundo, fértil y no difícilmente
colonizable en próximo futuro.
El departamento del Magdalena disfruta de ricas comarcas de vegetación, digamos la hoya del Ranchería, en Villanueva y zona circundante, los alrededores de la ciudad bolivarense de Mompós (o Mompox, según la ortografía de los viejos cronistas, más razonable tal vez), las fuentes del Cesare, y mejor todavía, la extensa Zona Bananera con el río Fundación como eje de cultivos, amplia de unos dos mil kilómetros cuadrados.
El Atlántico, uno de los más pequeños y, para la agricultura,
de los más pobres departamentos de Colombia, goza, sin embargo, de buenas
playas en la ribera del río, circuito algodonero que tiene por centro comercial
a Sitio Nuevo del Magdalena.
En Bolívar halla el agricultor terrenos de primera importancia
en el Sinú, cuya extensa hoya hidrográfica ofrece un centro agrícola hasta de
mil ochocientos kilómetros en activa y fecunda explotación. Se enlaza esta
cuenca aluvial con las planicies próximas, donde el suelo ostenta feraces
islotes de agricultura, el Carmen, por ejemplo, en la región de las praderas
bolivarenses, que es mayor de diez mil kilómetros cuadrados, sabanas de pastoreo
que rigen Ayapel y Corozal. Los anegadizos de los ríos Cauca y San Jorge son de
difícil aprovechamiento, mas se consideran de buena calidad vegetativa, en el
distrito del Caño Mojana sobre todo; y es de preverse que las cabeceras de los
dos grandes ríos bolivarenses, el Sinú y el San Jorge, sean también de gran
rendimiento en algunas discretas porciones de la serranía.
De la desembocadura del Atrato a la de su gemelo el San
Juan existen bosques que cubren las planicies fluviales, las faldas de las
vecinas cordilleiasy los litorales del Atlántico hasta el Cabo Tiburón, sobre
el Caribe, y hasta el puerto de Buenaventura en el Mar del Sur. En la costa
atlántica de tan extensa porción del territorio colombiano pueden ya
determinarse como utilizables por su bondad agrícola los suelos de la región de
Acandí, de las hoyas de algunos afluentes al Atrato que disfrutan de cauce
mejor drenado, con orillas altas, Bojayá, Napipi, León etc. Cultivos como el
del banano, la caña de azúcar y el arroz tienen sus rincones apropiados, la
ganadería puede aprovechar otros, la explotación de la «Bromelia longifolia* o
pita y de las maderas promete porvenir favorable: mas no sería discreto
encomiar inconsideradamente una zona de suyo tan adversa al hombre y a los animales
domésticos.
Antioquia, de suelo ingrato en general, no carece, empero,
de parcelas fecundas. Nombraré la redentora cuenca del Cauca medio como rica en
pastos en su nivel inferior y en cafetales en las vertientes de las dos
cordilleras: Fredonía, Jericó, Pueblorrico, Andes, Santa
Bárbara, Bolívar, emporio de la economía antioqueña. Por otra parte, el pequeño
valle de Sopetrán; el de Medellín, que calculo en unos trescientos kilómetros
cuadrados, de Caldas a Botero; la hermosa meseta de Rionegro que, descuidando
la consideración de pequeños accidentes de topografía, abarca doscientos
cincuenta kilómetros; el valle del Penderisco, prolongado hasta el Murrí, que
puede alcanzar a cien kilómetros de buena tierra. Justo seria añadir la mención
de pequeñas hondonadas y vertientes que aquí y allá dan abundante rendimiento
agrícola, mas son ellas tan fragmentariamente situadas que no puedo
enumerarlas por aparte.
Caldas
fue favorecido con la joya agrícola de Colombia, aquella región de la
Cordillera Central que específicamente se dice El Quindío, ya que tal nombre
aplican los geógrafos también a toda la cordillera. Es muy dilatada superficie,
pues lo que actualmente se explota forma parte de un terreno fértil que va
desde Caldas hasta Nariño, donde el grupo racial colombiano consolidará su
vigor, uniformará su sangre, asentará una de sus más poderosas vértebras económicas:
Antioquia, Cauca y Tolima convergen ahí con las mejores probabilidades de
triunfo. Ni es sólo la zona del Quindío el recurso agrícola de Caldas, que en
más discretas porciones disfruta también de excelentes terrenos en diversa
situación. La hoya del Rizaralda (me seduce siempre escribirlo con «z», por no
sé qué sugestión de eufonía) se ha mostrado propicia a los ganados en una
superficie aproximada de cien kilómetros de clima ardiente; en el altiplano, la
Mesa de Herveo es fecunda en unos cincuenta; y no creo exagerar si afirmo que
el resto de ese departamento se puede calificar unívocamente bien.
El
departamento del Valle debe su nombre y su riqueza al «Valle del Cauca», de
mucha fertilidad en su mayor parte, y que por estudios de planimetría se
considera de tres mil kilómetros cuadrados de extensión, aunque viajeros
peritos lo calculan en unos seis mil, tal vez con más probabilidades de
acierto. Ante esa magnitud no hay para qué entrar en otros detalles.
El departamento del Cauca, propiamente dicho, posee la alta hoya de su noble rio, la altiplanicie de la Cordillera Central, «Valle de las Papas», por ejemplo, de unos cien kilómetros (muy discutidos, ciertamente). Hacia el litoral pacífico, la hoya de algunos ríos, Timbiquí, v. gr., y tal vez la cinta territorial que media entre las faldas de la serranía y los anegadizos y manglares de la costa. Con Caldas y el Tolima comparte dominio en los vallecitos, quiebras y hondonadas de la Cordillera Central que últimamente están siendo colonizados, Roncesvalles, en primer término, que con centro geográfico en las fuentes del Cucuana, abarca doscientos cincuenta kilómetros cuadrados de un suelo muy abundante en humus o mantillo vegetal, y que apenas si hace seis años se explotan y prosperan.
En Naiiño hallamos la meseta de Túquerres-lpiales,
prolongada, descuidando la interrupción del Guáitara, hasta el simpático «Valle
de Atriz», donde se asienta Pasto (antiguo Pastu), fecunda zona de unos
setecientos kilómetros. Tiene, además, ricos terrenos en las riberas de algunos
ríos de su jurisdicción, el Rosario, el Putumayo, el Guamués, el Patía, el
Teleinbi etc.
Huila-Tolima se extienden por un dilatado valle, de formación
lacustre quizá, y sedimento terciario: cantos, gravas, arenas y limo de acarreo
diluvial y aluvial; con poco más de un metro de aguas pluviales y temperatura
media de 26.5, lo que hace de él una región semi-árida y agrícolamente
defectuosa. Comprende algo más de seis mil kilómetros cuadrados, con un régimen
de pastoreo, pobre en su mayor parte, y pequeños recodos propicios a la agricultura
tropical. Se exceptúan de esta mala calificación las vegas del Guaiinó, del
Lagunilla, del alto Saldaña, del Paece, el valle de Pitalito; los terrenos que
cruza el San Jua- nito y el valle de Santa Ana, allá por el sur. El Tolima posee,
además, la preciada zona cafeteia de su Quindío, con el Fresno y el Líbano como
centros de grande industria.
Sobre la Amazonia colombiana y algunas otras regiones
baldías y selváticas aún (el Catatumbo, el mismo valle central del Magdalena,
decepcionante hasta hoy), no es prudente anticipar audaces opiniones: lo único
que pudiera anunciarse es que ahí existen pequeñas porciones de suelo fértil,
al modo de islotes en un mar de llanuras anegadizas y rebeldes al dominio del
hombre. Los mismos flancos de la cordillera bajan en contrafuertes tan angulosos
que por trechos dan la impresión de un peine orográ- fico. En las hondonadas hállanse
terrenos de aluvión que pudieran utilizarse en una colonización metódica.
Asimismo deben tenerse en cuenta las regiones altas del Orteguaza, del Guayas y
del Caguán, donde prosperan ganados y cultivos, al decir de los colonos
residentes. Por el momento son la incógnita de la prosperidad nacional y tal
vez de sus mayores amarguras, pues el futuro no esconde el sino ineluctable de
la formación de un estado independiente, y aventurero
quizá, en la gigante artesa geológica del Amazonas, mayor de seis mil
kilómetros de longitud....
Bien
claramente entenderá el lector que cada uno de los novecientos municipios de la
República posee sus regiones feraces, imposible de anotar por separado en estudios
de esta índole. Mayores dificultades se me presentan en la estimación de los
seiscientos mil kilómetros cuadrados de tierra baldía que existen en el país,
cuyas zonas de fecundidad agrícola sólo aparecerán definibles con el avance de
la colonización.
Mi
intención es muy otra y evidente: la de informar sobre el territorio de
Colombia en esquema preciso y breve que sea al modo de un diorama de
simplificación donde la juventud halle la emoción del solar nativo y el
extranjero sensatas indicaciones, cierto un poco coloridas de amenidad, de este
rinconcito del planeta que aspira a ser histórico espiritualmente y siempre
digno de que se le estime y ame, como él ama y estima a todos los pueblos que
le han precedido o le acompañan en el anhelo de enaltecer y servir al oscuro y
emocionante destino de la especie.
Colombia y el mundo, 1937
Enero 7 Santa Marta gana el campeonato olímpico de fútbol en los IV Juegos Atléticos nacionales realizados en Manizales.
Enero 10 Segundo desastre ferroviario deja veinte muertos y cincuenta heridos en un choque de trenes entre Envigado y Medellín, en el sitio de La Volcana. Un violento temporal originó la tragedia.
Enero 12 Se inaugura en Bogotá el Hospital Militar Central, el más moderno de Sur América.
Enero 12 En los siete años de la República Liberal los negocios han tomado un auge impresionante. Un comunicado del Banco de Bogotá expresa que hay en el país una gran prosperidad.
Enero 15 El Ministro de Educación , Darío Echandía, presenta un plan para utilizar el cine como instrumento de gran importancia en la enseñanza escolar. Se Crea el Departamento de Cinematografía Escolar.
Enero 28 Fallece en Cali el jefe conservador Ignacio Rengifo, figura de gran importancia en la década de los veinte.
Febrero 7 Trescientos indígenas arhuacos del corregimiento de San Sebastián, en la Sierra Nevada, se amotinan contra los capuchinos y contra el corregidor, a quienes acusan de ejercer una feroz opresión.
Febrero 8 Comienza en Bogotá la huelga de choferes de taxis y buses que se oponen al uniforme decretado por el alcalde Jorge Eliécer Gaitán. El 14, después de seis días de huelga y disturbios, cae el alcalde Gaitán. Los choferes imponen su voluntad: no habrá uniforme.
Febrero 18 Muere en Roma el expresidente, y Embajador de Colombia ante el Vaticano, Enrique Olaya Herrera, que además era candidato presidencial del liberalismo para el período 1938-1942. Honda sensación en el país causa la noticia del deceso.
Febrero 21 Muere en Bogotá la ilustre educadora Manuela Ayala de Gaitán, madre del doctor Jorge Eliécer Gaitán.
Marzo 3 La Comisión Federal de los Estados Unidos encargada de la vigilancia de los bolsas de seguridades y de bonos acusa a la Standard Oil de controlar al Comité de tenedores de bonos de la deuda colombiana, lo que suscita un fuerte escándalo binacional.
Marzo 10 Estalla paro general en el Ferrocarril del Pacífico. Automovilistas, zapateros, mineros y sastres se unen a la huelga.
Marzo 11 Se proclama la candidatura presidencial de Darío Echandía.
Marzo 14 Se publica el poemario de Eduardo Carranza Canciones para iniciar una fiesta.
Marzo 16 Violento aguacero, con tempestad eléctrica, deja un saldo de diez muertos en Quipile, Cundinamarca.
Marzo 31 Llega a Bogotá el célebre guitarrista español Andrés Segovia, para una serie de conciertos.
Abril 13 En Santa Ana, departamento del Magdalena, turbas conservadoras encabezadas por los doctores Napoleón Rodríguez y Pedro J. Díaz Díaz , asesinan al periodista liberal Óscar Delgado, antiguo redactor de El Tiempo de Bogotá, y quien acababa de ser elegido diputado por el liberalismo a la Asamblea del Magdalena. El periodista y su padre, don Temístocles Delgado, fueron linchados por la turba.
Abril 13 Se funda en Bogotá la Sociedad Industrial Cinematográfica, SIC, con el propósito de estimular la producción y distribución de películas colombianas. Integran la sociedad Ignacio Carrizosa, Leopoldo Guerra Portocarrero y Jorge Price Gutiérrez.
Abril 16 Con gran brillo se efectuaron en Medellín los Juegos Florales para festejar el centenario del nacimiento de Jorge Isaacs. Como reina de los Juegos fue elegida doña Alicia Echavarría Olózaga.
Mayo 6 El presidente Alfonso López inaugura en Usaquén la primera Colonia escolar de vacaciones, dotada con espléndida planta física, piscina, amplios jardines y toda clase de juegos infantiles.
Mayo 18 Se completan los cien volúmenes de que consta la Biblioteca Aldeana de Colombia, también conocida como Selección Samper Ortega de Literatura Colombiana, obra monumental preparada y dirigida por don Daniel Samper Ortega, director de la Biblioteca Nacional.
Mayo 20 Se publica el libro de León de Greiff Prosas de Gaspar.
Mayo 24 Al ser rechazados los proyectos del Gobierno, tanto en el Senado como en la Cámara, el presidente Alfonso López presenta renuncia de su cargo. Por unanimidad el Senado considera que la renuncia presidencial es inmotivada, y no la acepta.
Junio 10 Muere en Ibagué el maestro Alberto Castilla, gran compositor nacional.
Junio 13 La Federación Nacional del Transporte decreta un paro de navieros, que detiene todas las actividades a lo largo del río Magdalena y amenaza con provocar una crisis económica. Tras tres días de inmovilidad, que dejan millonarias pérdidas, la huelga del río termina, pero en diciembre los navieros declaran un nuevo paro, que dura cinco días y obliga a la intervención directa del Presidente Alfonso López.
Junio 20 En el hipódromo de Bogotá 6.500 jóvenes de la Asociación Atlética de Bogotá realizan una espectacular y casi fantástica demostración atlética y deportiva.
Junio 22 Antonio García Nossa publica su formidable ensayo Geografía Económica de Caldas, que revoluciona el análisis económico en el país.
Julio 3 En los claustros del Colegio mayor de Nuestra Señora del Rosario recibe hoy Alfonso López Michelsen el título de doctor en Derecho y Ciencias Políticas, con una tesis sobre La Posesión, dificilísimo tema de derecho magistralmente dilucidado por el joven abogado, según análisis que de dicho trabajo hace Alberto Lleras, ministro de Gobierno.
Julio 3 Por primera vez se hace el recorrido en automóvil de Bogotá a Caracas. Se trata de un carro de la empresa Taxis Rojos, que llevará en un viaje de placer a don Alexander Grobe y a su esposa.
Julio 5 El Profesor Karl H. Brunner inaugura en el Teatro Colón de Bogotá la primera conferencia nacional de urbanismo.
Julio 6 muere en Medellín el expresidente Carlos E. Restrepo, modelo de demócratas, que gobernó a nombre del Partido Republicano en el cuatrienio 1910-1914.
Julio 12 Se abre en Bogotá el Instituto Sanmartiniano, que consolida las relaciones fraternales entre Colombia y Argentina.
Julio 12 Don Manuel Mejía es elegido gerente de la Federación Nacional de Cafeteros. Su larga, incansable y eficiente labor de promoción del café colombiano, y su actuación decisiva para lograr la firma de un Pacto Mundial del Café, le ganarán el apodo de Mister Coffee.
Julio 13 El pre candidato liberal a la presidencia, Eduardo Santos, plantea la necesidad de una franca política proteccionista: “Las industrias nacionales tienen que defenderse del capital arrollador extranjero”.
Julio 20 Principian en Cali los V Juegos olímpicos Nacionales. La bellísima Stella Zadawski es coronada reina en el teatro Jorge Isaacs. En la partida inaugural del torneo de fútbol, Colombia derrota a México 3-0.
Julio 22 La Convención Nacional del Liberalismo proclama la candidatura única de Eduardo Santos y lo nombra jefe del Partido.
Agosto 22 Sogamoso celebra el IV centenario de su fundación, o mejor, de la destrucción del templo de Sugamuxi por los españoles.
Octubre 12 El presidente López instala en Bogotá el Congreso Bolivariano de ingenieros.
Octubre 28 El Ministro de Industrias, Antonio Rocha, denuncia ante el Senado los fuertes sobornos que hace la Magdalena Fruit Company (antes United Fruit) entre altos personajes de la política, para mantener su monopolio y privilegios en el país. El 15 de noviembre el gerente de la Magdalena, George C. Bennet, es detenido en Santa Marta-. En su poder se le encuentran documentos “muy comprometedores y reveladores” del asunto de los sobornos. A finales de diciembre el expediente de la Magdalena Fruit llena más de 800 folios.
Octubre 29 A los 66 años muere en Bogotá el doctor Pompilio Martínez, el más famoso entre los cirujanos colombianos, primero que realizó en el país una operación exitosa de corazón abierto.
Noviembre 1 El Ministro de Correos sugiere modernizar los equipos de la radiodifusora oficial y ampliar los terrenos para la radiodifusión. Después de nueve años en el aire, en los que ganó amplia audiencia, se suspende la H. J. N.
Noviembre 12 Estalla grave crisis económica y cambiaria en el país, motivada por movimientos especuladores. Drásticas medidas transitorias adopta el Gobierno para conjurarla. Cerrada la Bolsa de Bogotá y suspendidas las licencias de importación.
Noviembre 12 Luego de varios meses de enormes manifestaciones de la clase media en todo el país en apoyo a la ley 10 de 1934 (sobre cesantías, pensiones y otras prestaciones sociales), básica en los programas de transformación social y económica del país que adelanta la Revolución en Marcha, y cuya derogación buscaban los patronos en connubio con los políticos de la ultraderecha, la Corte Suprema aprueba en su integridad la ponencia del magistrado Pedro A. Gómez Naranjo, que declara la exequibilidad integral de la ley 10. Queda así en firme el principio de que “las pensiones y prestaciones sociales son un deber de las empresas”.
Noviembre 15 A los 77 años muere en Bogotá José Joaquín Pérez, periodista y banquero, fundador y propietario de El Heraldo, célebre periódico de fin de siglo que tuvo un papel clave en el denuncio de los hechos que desembocaron en los fenomenales escándalos del Petit Panamá y de las Emisiones Clandestinas en 1994. Fue gerente general del Banco de la República.
Noviembre 18 Restricción de importaciones y cotización libre del cambio, nueva política económica del gobierno. El Ministro de hacienda, Gonzalo Restrepo, anuncia que ha terminado la interinidad y que la ola de especulación está controlada.
Diciembre 5 Colosal manifestación liberal en Bogotá, de más de sesenta mil personas, para expresar su apoyo al gobierno de Alfonso López. “Preparémonos para resistir, para perdurar, para triunfar”, dice el presidente a sus copartidarios.
Diciembre 22 El presidente Alfonso López inaugura el Terminal marítimo de Barranquilla.
Enero 8 Al llegar a Tampico, México, procedente de Oslo, León Trotsky vaticina que la guerra europea estallará antes de terminar la década. Lanza fuertes críticas al Gobierno de Stalin.
Enero 10 Completo cerco de los fascistas sobre Madrid. La capital es bombardeada sin piedad. Comienza la evacuación de los civiles y Manuel Azaña traslada a Valencia el Gobierno de la República. Vehemente llamado de Dolores Ibarruri, La Pasionaria, para defender Madrid a toda costa.
Enero 17 Benito Mussolini declara que las relaciones entre Berlín y Roma son la base para la creación de una nueva Europa.
Enero 20 Al inaugurar su segundo período de Gobierno el presidente Roosevelt dice que la obra del New Deal apenas se ha iniciado y que continuará con todo vigor. El propósito es construir una nación que no esté corrompida por el cáncer de las injusticias.
Enero 22 Violentos aguaceros provocan una creciente del río Ohio que ocasiona grandes inundaciones en diez Estados. Quedan sin hogar más de un millón de personas. Las aguas suben 75 pies. El presidente Roosevelt declara la ley marcial para controlar los desórdenes.
Enero 27 Stalin se salva de un atentado con bomba de dinamita colocada en su despacho. Acusan a Trotsky de ser el inspirador y se desata cacería de trotskystas. Importantes figuras son procesadas sin ninguna garantía y condenadas a severas penas de prisión.
Febrero 5 Trascendental reforma del Poder Judicial propone el Presidente Roosevelt. Quiere ponerle coto a la dictadura virtual de la Suprema Corte.
Febrero 5 El Gobierno de Venezuela ordena la disolución de los partidos izquierdistas.
Febrero 11 El presidente de México, Lázaro Cárdenas, pone fin al largo conflicto religioso al anular las leyes contra el culto.
Febrero 16 La firma Dupont de Nemours registra en Washington la patente mundial de una fibra sintética a la que se denomina Nylon.
Marzo 2 Benito Mussolini anuncia la militarización total de Italia y afirma que el eje Roma-Berlín no podrá ser destruido.
Marzo 4 En un discurso pronunciado en el banquete de la sección femenina del Congreso Americano de Judíos, el alcalde de Nueva York, Fiorello La Guardia, expresa que “la efigie de Hitler debería ser exhibida en la cámara de los horrores de la Feria”. Enérgica protesta del embajador de Alemania. El Departamento de Estado presenta excusas a la Embajada Alemana.
Marzo 18 Centenares de estudiantes y numerosos profesores perecen al estallar un horno de gas en una escuela de New Haven, a tres millas de Overton, Nevada. El número de muertos alcanza a 740.
Marzo 23 Violento discurso del Duce Mussolini al regresar de África, contra las “democracias pacifistas”, lo pone al borde de la ruptura con Inglaterra.
Abril 11 Varios actores y actrices de Hollywood recaudan millón y medio de dólares para auxiliar a la España republicana. En Burgos el gobierno de facto del general Franco prohíbe la exhibición de películas en las que actúen los partidarios de la República.
Abril 11 La Encíclica Mit brennender Sorge, en que el Papa Pío XI ataca y condena el régimen nazi imperante en Alemania, provoca fuerte reacción de Adolf Hitler, que amenaza con romper el Concordato.
Abril 26 Un feroz ataque aéreo de más de tres horas, a cargo de la aviación alemana, arrasa el pueblo vizcaíno de Guernica. Hay más de mil muertos y miles de heridos. La población, situada a 30 kilómetros de Bilbao –que resiste con tenacidad al avance de las tropas fascistas– estaba indefensa.
Abril 27 Se inaugura en San Francisco, Estados Unidos, el Golden Gate, el puente colgante más largo del mundo.
Mayo 4 Se inaugura en París la Exposición Universal del Arte y de la Técnica en la Vida Moderna.
Mayo 6 El súper dirigible alemán Hindenburg, con 150 personas a bordo, queda destruido al estallar un tanque de hidrógeno en el momento en que la inmensa máquina voladora iba a ser amarrada al mástil del aeródromo de Lakehurst, EEUU. Hubo 50 sobrevivientes. Un testigo relata a la United Press que “pocos minutos antes de la explosión, los pasajeros habían levantado las ventanillas de observación y regocijadamente gritaban y saludaban a quienes se encontraban en tierra; las risas se convirtieron, en un momento, en gritos de terror”.
Mayo 12 Jorge VI es coronado Rey de Inglaterra. Sus bellas hijas, las princesitas Isabel y Margarita Rosa se ganan la simpatía mundial.
Mayo 29 Aviones de la República española bombardean el acorazado Deutschland, anclado en Ibiza. En represalia, el 31 la marina alemana bombardea Almería, ciudad indefensa. Grandes protestas de los intelectuales de España y de Europa por el cobarde ataque contra Almería.
Junio 3 El comandante en jefe de las tropas fascistas españolas, general Emilio Mola, perece en un accidente aéreo.
Junio 3 Contraen matrimonio en Francia el ex rey de Inglaterra, Eduardo VIII, ahora Duque de York, y la señora Wallis Simpson.
Junio 5 Para prevenir la influencia del nuevo movimiento sindical AFL CIO, el magnate de la industria automoviliaria, Henry Ford, se anticipa a implantar en sus factoría la jornada laboral de 32 horas semanales.
Junio 15 Después de casi un año de resistencia republicana en las condiciones más heroicas, cae Bilbao. El gobierno vasco huye a Santander.
Junio 18 En vuelo sin escalas tres pilotos rusos hacen la travesía desde Moscú a San Francisco. Efectúan el trayecto en 37 horas y 11 minutos, pero el mal tiempo los obliga a aterrizar en Vancouver, Canadá. Con esta hazaña comienza una nueva era en la aviación comercial.
Junio 20 León Blum, jefe del Gobierno socialista francés, presenta su renuncia. Fin del Frente Popular.
Junio 22 Joe Louis derrota por KO en el octavo asalto a James Braddock, y se corona campeón del mundo.
Junio 28 Alemania reclama sus colonias, en sensacional discurso de Goering, aplaudido por Hitler. En un discurso posterior Mussolini apoya el reclamo alemán.
Julio 2 La extraordinaria aviadora Amelia Earhart se pierde en su vuelo entre Guinea y Howland. Después de dos semanas de intensa búsqueda, las autoridades abandonan toda esperanza de encontrar a la aviadora. Amelia había vivido en aroma de peligro y murió como le habría gustado. Desapareció en el mar.
Julio 8 Estallan las hostilidades entre China y Japón.
Julio 11 El as de la aviación soviética, Michael Gronov, hace el vuelo directo entre Moscú y Los Ángeles, y bate el récord impuesto por sus compañeros dos semanas antes.
Julio 16 China rechaza las demandas presentadas por Japón de crear un Estado Autónomo en el norte de China. La guerra se intensifica.
Julio 18 Las tropas fascistas lanzan poderosa ofensiva sobre Brunete, que ofrece encarnizada resistencia.
Agosto 4 La Santa Sede reconoce al gobierno del general Francisco Franco, con sede en Burgos.
Agosto 9 Al naufragar la lancha Ana Cecilia en el lago de Maracaibo, perecen cien obreros de la petrolera.
Agosto 26 Santander cae en poder de las tropas fascistas. Aseguran que es el principio del fin de la guerra; pero el 2 de diciembre el ejército republicano se toma Belchite tras sangrientos y feroces combates.
Septiembre 25 Gran recepción a Mussolini en Alemania. Hitler lo aguarda en Munich y lo condecora con la insignia de oro del nazismo. Una multitud de 800 mil personas aclama a Hitler y a Mussolini en Berlín.
Octubre 5 El presidente Roosevelt anuncia que los Estados Unidos abandonan su política de aislamiento y que cooperarán resueltamente en todo movimiento para recuperar la paz. Octubre 30 El Gobierno republicano se traslada de Valencia a Barcelona.
Noviembre 10 El presidente del Brasil, Getulio Vargas, disuelve el Senado, la Cámara y las legislaturas de los Estados y los Municipios, y queda con el poder absoluto en sus manos.
Noviembre 22 El piloto francés Paul Codos, vuela de París a Buenos Aires, sin escalas, en 52 horas y 33 minutos. Establece un nuevo récord. El teniente de aviación Bruno Mussolini, hijo del Duce, implanta récord mundial de velocidad en un avión trimotor con carga útil de 1.500 kilogramos.
Diciembre 10 Las tropas francesas entran en Nanking.
Diciembre 10 Los premios Nobel. Literatura: Roger Martin du Gard, francés; Física: Joseph Clinton Davisson, estadounidense, y George Paget Thomson, inglés; Química: Walter Norman Haworth, inglés, y Paul Karrer, suizo ; Medicina: Albert Szent-Gyorgyi, húngaro ; Paz: Edgar de Chelwood, inglés.
Diciembre 11 Mussolini anuncia que Italia se retira de la Sociedad de las Naciones, contra la que lanza violento ataque verbal.
Diciembre 11 Las tropas republicanas al mando del general José Miaja capturan parte de Teruel, pero en varios sectores de la ciudad los falangistas resisten con tenacidad. Franco alista expedición de auxilio a los defensores de Teruel.
Febrero 19 En Buenos Aires, a los 59 años, y tras ingerir una dosis letal de cianuro, el narrador, poeta y dramaturgo uruguayo Horacio Quiroga.
Junio 7 En Hollywood, a los 26 años, la grande actriz Jeane Harlow, llamada La rubia de platino, primer símbolo sexual del cine.
HITOS LITERARIOS
Luigi Pirandello: Los gigantes de la montaña, teatro; Bertolt Brecht: Temor y miseria del tercer Reich, teatro; Los fusiles de la señora Carrar, teatro; Alfonso Reyes: Las vísperas de España,. ensayo; Miguel Hernández: Viento del pueblo, poesía; Pablo Neruda: España en el corazón, poesía; Marcel Bataillon: Erasmo y España, ensayo.
HITOS ARTÍSTICOS
Música. Alban Berg: Lulú, ópera.
Artes Plásticas: Pablo Picasso, Guernica
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